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De Iraida Noriega Febrero 8, 2008

He tenido oportunidad de escuchar a Iraida Noriega, recomendada por una entrañable amiga, en tres ocasiones. Las tres han sido, tanto deliciosas como desastrosas. En la primera ocasión, se trató de un modesto concierto, más parecido a un palomazo, en un pequeño bar de la Ciudad de México. Pasó un poco sin gloria para mí, pues el lugar poco se prestaba para el hecho y la plática para mí era más interesante que lo que sonaba en el improvisado escenario.

En la segunda oportunidad, tuve la agradable experiencia de escucharla tocar con la Big Band, en el Teatro Diana de Guadalajara; el concierto no solamente fue ameno, sino lucidor y musicalmente de esos que llenan el espíruto melómano. Muchos y buenos metales, excelente pianista (Mark Anderud), una batería impecable (Gabriel Puentes), el bajo constante y lucidor (Jorge “Luri” Molina) y claro, Iraida. A quien no podemos negarle que tiene una muy buena voz, pero sobre todo un dominio impresionante sobre ella. Sobre su voz, que no sobre ella misma. En la tercera oportunidad, confirmé mi sospecha previa: Iraida tiene por ahí una vocación de cómica que me lleva a querer gritar “¡¡ya ponte a cantar de una buena vez!!”, sin rockdrigo.jpgimportar que esto devele mi vena neurótica (vena que todo citadino tiene por más profunda que ésta sea), esa frase describe profundamente mi sensación durante la tercera vez que tuve ocasión de escucharla.

El repertorio musical, sin embargo, siempre es impecable y lleno de retos rítmicos y armónicos. Y eso siempre es agradable al oído. Sin embargo, con Iraida me pasa lo que con pocos músicos, prefiero escucharla con los ojos cerrados, y no ver las “gracias” que trata de hacer en el escenario, como para agradar al público, cuando solamente cantando ya agrada suficientemente y hasta rebasa expectativas.

Debo decir, a su favor, que un día, buscando canciones en internet, me encontré con un cover (soy adicta a ellos…) del legendario Rockdrigo González (músico urbano rupestre por excelencia, del Chilangotitlán de todos los Micros), de Tiempo de híbridos, duetode Iraida con el Zopi de Los Rastrillos, la canción original ya era buena, y los buenos covers se develan por la genialidad de igualar (al menos) en calidad a la original y además imprimirle un sello distintivo a la rola, uno ajeno y propio a la vez. Para quienes ya no quieran escuchar hablar de/a Iraida Noriega y se reconcilien con su genio vocal, Tiempo de híbridos es perfecta para el propósito.

 

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