Como antes escribí de ocho mujeres de hoy, no me pude aguantar las ganas de escribir de 8 mujeres clásicas, que tienen años y años deleitándonos con su cantar, cada cual con un estilo diferente y profundamente marcado por la serie de situaciones que en su vida le tocó vivir. No sé si sea coincidencia, pero mis clásicas son mucho más trágicas que las de hoy.
Es un honor conocerlas y disfrutarlas. Y nomás por eso, aquí están, de reina en reina me voy, sin orden de amor:
Edith Piaf. La reina de la tragedia y la redención. Y no porque lo quisiera así, sino porque su vida es una serie de eventos desafortunados, que para nuestra fortuna, la llevaron a cantar como cantaba y a expresar todo lo que expresó. Para mí, Edith Piaf, es apoteósica en su canto cuando interpreta “Je ne regrette rien”, y es que es tan sentida, con esos puños cerrados, que parecen querer golpear a la vida, y sin embargo, da la cara diciendo, “¡pues cómo ves que no!, que no me arrepiento de nada, ¡ni de lo bueno ni de lo malo!”. Y qué bueno para nosotros, porque ahí la tenemos, aún, interpretada, remixeada, covereada. Me parece que es sumamente interesante cómo Edith Piaf llegó a convertirse en un símbolo de estatus en Francia, cuando surgió de los barrios más bajos y tuvo una vida de lo más azarosa. Ciega temporal, moradora de un burdel, cantante callejera… y todo eso, a través de su voz (y una que otra relación pública), llegó a transformarse en un símbolo de lo francés, de lo francés chic, claro está.
Billie Holiday. No podría explicarme la música de muchas cantantes de hoy si Billie Holiday no hubiera existido. Ese desgarre con el que entonaba sus melodías, con el que compartía escenario y micrófono con otros grandes de la época, es incomparable; evocador, transportador de momentos; escuchar a Billie Holiday me transporta a lugares que no conozco, a sensaciones que no he tenido, y sin embargo, que comparto, no solamente por la condición femenina, sino por ese temblar en su voz, como cuando uno dice algo que le cuesta mucho trabajo expresar y entonces sale, tembloroso, pero no por ello, menos gracioso y menos profundo.

Gloria Gaynor. Hubo una época de mi vida en la que simplemente no hubiera sido tan fácil sobrevivir si Gloria Gaynor no hubiera estado ahí apoyándome, cantándome cómo sobrevivió. Y es que vaya que se encuentra una con patanes en la vida, ¿verdad? Con “I Will Survive”, Gloria me marcó para siempre: noches de canto desaforado y una que otra lagrimilla; lente de brillantina y estola de plumas; plataformas y bares gay… todo el conjunto para cantar y para sobrevivir.
Aretha Franklin. Sin Aretha, la historia de la música sería diferente. A través de su música, de su canto, Aretha cantó por las mujeres, por nuestros derechos, por la igualdad. Y podríamos pensar que si no hubiera sido ella lo hubiera hecho otra (como efectivamente muchas más lo hicieron), pero sin ella, sin esa voz, sin ese estilo de predicadora emancipada, hubiera sido menos disfrutable, definitivamente. Aretha, la que traspasó estilos, épocas y edades. Aretha, you make me feel like a natural woman.
Nina Simone. Casi no hay otra cosa más fascinante para mí, musicalmente hablando, que una cantante excepcional que además sea una pianista, igualmente excepcional. La experiencia de escuchar y observar las diversas interpretaciones de “My baby just cares for me”, significa un deleite. Tenemos ese solo de piano, que describe un desencadenamiento casi tangible al ejecutarlo, la voz, la particular voz de Nina Simone acompañando sus propias manos, mientras establece un diálogo sincopado entre uno y otro instrumentos, ambos ejecutados por ella misma, con tanto sentimiento y simplicidad, que la música parece surgir de ella como si ya la tuviera dentro. Además, siendo jazzista Nina Simone se asume como la contadora de una historia que conoce muy bien y que por eso, se da el lujo de contarla de una y otra manera cada vez, aunque la primicia y la conclusión, siempre sean las mismas, es el trayecto hacia esa conclusión, lo que la hace tan especial y tan hermosa.

Shirley Bassey. Where do I begin a hablar de esta gran cantante. Evidentemente fue un acierto en su carrera comercial cantar el tema de una película icónica para los dramas románticos hollywoodenses: Love Story. El punto es que Shirley Bassey trasciende las etiquetas comerciales. No es solamente quien cantó Love Story, tampoco es solamente quien ha interpretado temas de películas de Bond James Bond. Ni es tan sólo la cantante modernizada por los Propellerheads en su interpretación de A little bit of history repeating. Shirley Bassey es un holismo en sí misma: no es la suma de todas las anteriores, es un todo aún mayor. ¿Por qué? Por su voz potente, por su presencia grácil pero dominante, por su encanto al envejecer, por darle a su voz, en cada etapa de su vida, un sentido y un sentimiento únicos, que nos expresan que el poder de una voz no viene de lo amplio que sea el pecho, sino de la capacidad de expresar cada vez y en cada momento, un sentimiento y una evocación diferente.
Janis Joplin. Es obvio que no podía dejar fuera a Janis. Janis me abrió las puertas del rock. Al escucharla y verla después (en vídeos obviamente), entendí que las mujeres músicas atormentadas compartían cierta característica. Una característica que las impulsa a cantar lo que sienten, de la manera más desgarradora y visceral imaginable. No serán niñas lindas que digan lo que se espera que digan. Serán transgresoras, gritonas, incansables, buscadoras. Porque el peso de ser mujer está ahí, es evidente y a la vez intangible, pero eso no importa, pues primero está la música, la expresión, la vivencia, el sufrimiento con todas sus implicaciones. En Janis Joplin se conjuntan todos los vicios mundanos, vicios que a su vez la llevaron a expresar tales virtudes vocales, musicales y vanguardistas.
Elis Regina. En México esta gran mujer brasileña es conocida principalmente por su interpretación de “Águas de Março”. Pero hay mucho más de Elis Regina que es preciso conocer. Gracias a una gran amiga, MarianaP, conocí la historia de esta cantante fundamental de Brasil y una canción en particular; una canción que toda mujer debe escuchar: Maria Maria, de Milton Nascimento y Fernando Brant. Imaginemos el contexto, Brasil está en medio de una de las más cruentas dictaduras de Sudamérica, la más larga, sin duda; no solamente hay discriminación contra los jóvenes y todo aquel que sea diferente, sino contra las “minorías más menores”, las mujeres entre ellas. Maria Maria es la historia d euna mujer que podría ser Elis Regina, que tiene un don, cierta magia, una fuerza que nos alerta, que es una mujer que merece vivir y amar como cualquier otra dle planeta; pues su poder no radica solamente en su mágica voz sino también en su tremenda fortaleza para cantar criticando a la dictadura, gracias que su fama la protegió, pues era demasiado alto el costo político de atacarla. Y así pudo seguir cantando y denunciando. Su interpretación de Maria Maria es especial, llena de esperanza, de sueños, de fuerza y como dice: “quien trae en la piel esa marca, posee una extraña manía, de tener fe en la vida”. Esa marca tiene la cnación y también Elis Regina cuando la interpreta.