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Bella Ciao ¿ciao? abril 16, 2008

Conocí esta tarantella italiana en medio de manifestaciones contra el neoliberalismo, era cantada principalmente por italianos zapatistas y desobedientes que de visita en México entonaban este antiguo himno de resistencia campesina. Tradicionalmente, esta canción fue un símbolo de la resistencia de los campesinos italianos ante el embate del fascismo y el nazismo, aunque se dice que la canción es incluso más antigua y ya los campesinos de Piamonte la entonaban como queja de las duras condiciones en las plantaciones de arroz. Habla de las dificultades de la vida, de la lucha por los derechos, de la muerte y de la vida, de una manera alegre pero también sumamente melancólica.

Hoy en día, la canción se ha retomado ampliamente en las manifestaciones contra las condiciones de pobreza, marginalidad y exclusión que el neoliberalismo imprime en los Estados a través de las corporaciones. Al ser un símbolo de resistencia y de dignidad, posee fuerza y convocatoria de reunión, en la que personas de diversas nacionalidades, aún sin entender el italiano, comprendemos a través de un código mutuo la resistencia ante las brutalidades generadas por el capitalismo salvaje.

Sin embargo, hace algunos meses la canción ha estado sonando en la televisión, en un anuncio de la compañía CocaCola, promoviendo unas “aguas” de esas que son transparentes pero tienen un twist de otro refresco del mismo corporativo. Le cambian la letra pero no el estribillo, la melodía es la misma. Al utilizar un símbolo de lucha como Bella Ciao el corporativo transnacional ha banalizado y obviado la importancia de la canción. Es difícil pensar que desconozcan la trayectoria y el símbolo inherentes a la canción, sino más bien operan en la manera clásica del neoliberalismo y las corporaciones, expropiando lo que significa para las personas, quitándoles lo que es suyo, lo que les genera identidad, pues la estrategia primordial del capitalismo salvaje es negar la identidad de las personas e implantar una nueva identidad a través de las marcas y el mercadeo. CocaCola pretende que Bella Ciao sea una marca registrada ligada a las bebidas burbujeantes que promueve.

Lo que queda es que no nos dejemos. Que Bella Ciao siga siendo lo que es y lo que fue y que cada vez que sea ligada al refresquillo ese, aclarar que se está disociando el símbolo real que constituye la canción, que no se trata de hacer cosas absurdas y disfrazarse a lo menso con cartones o toros de peluche, como aparecen los actores en el comercial. Este himno ha sido cantado, además por diversos artistas como Manu Chao, los Modena City Ramblers y Tonino Carotone, quienes reivindican el sentido de lucha y resistencia de la canción. La CocaCola antes ya había utilizado diversas canciones y músicas, pero no como ahora, no como esta al menos. Dudo, por ejemplo, que a Charles Trenet le hubiera molestado que hicieran un anuncio con Boum, pues después de cantar para los nazis, no es tan malo cantar para la CocaCola ¿no? Pero con Bella Ciao es diferente, dudo que a muchos italianos y mismo a muchas personas de otras nacionalidades que saben de dónde viene la canción y qué significa, les haga tanta gracia que suene junto a un producto icónico de la “cultura” neoliberal.

Colofón: hasta se han comercializado por e-bay camisetas con la tipografía de CocaCola que ponen “ciao-bella”, para muestra un botón gráfico de la privatización moderna de los símbolos.

Links de los anuncios:

http://es.youtube.com/watch?v=S3sBAvq4MDg&feature=related

http://es.youtube.com/watch?v=Xz66yb4Q37c

Link a la canción: http://es.youtube.com/watch?v=IPD6Q_xuF-E&feature=related

 

30 años 30 canciones febrero 15, 2008

Ayer cumplí 30 años y ya por la noche, después de los abrazos, del apagado de velitas, el pastel, unas interminables mañanitas que queridos amigos me cantaron, me puse a pensar: en este momento ¿cuáles son las 30 canciones de mi vida?30g.jpg

Y helas aquí mas no en orden de importancia. Pues cada canción es como una mariposa que revolotea a mi alrededor cuando la escucho… aaaaaa ¡qué tal! Así que no podría ser una más importante que otra. Cocody rock, de Alpha Blondy, el ritmo pegaoso y la letra sencilla me hacen evocar lugares y momentos queridos, guardados en la vivencia. Rompecabezas, de Los Aterciopelados, me recuerda mi momento con cada nuevo inicio de ciclo. Soledad de Amparanoia, porque es azul, como dice la canción, porque va “in crescendo” como las cosas que me pasan. Si me dan a elegir, me quedo contigo… de Manu Chao, porque si para canciones de amor estamos, si me dan a elegir, me quedo con esta. Le vent nous portera, para sentir que pase lo que pase llegaré… aunque todavía no sepa a dónde, la cadencia rítmica y la voz de Noir Desir, la hacen de lo más “desirable”. The future, con Leonard Cohen ya que con su cavernosa voz de “ya tomé bastante bourbon”, me hace pensar que efectivamente todo está muy mal, que el futuro es el asesinato y que qué bueno que alguien lo dice con música excepcional y no sermones. Boys and girls de Blur para cuando quiero bailar y reirme de los enredos sexosos. Common people de Pulp, también para bailar y cantar a todo pulmón con las amigas. Times have changed de Bob Dylan, para las mañanas de fin de semana. Bella ciao, la tarantella italiana, para bailar, pensar, evocar y resistir. Three little birds de Bob Marley para decir secretitos y sonreirme. Me and Bobby McGee con Janis Joplin, para pensar en el novio que me dejó en el camino y que nunca fui a Nuevo Orleans (ahora es Nuevo Nuevo Orleans :( ). I will survive de Gloria Gaynor no necesita explicación ni presentación. A day in life de The Beatles por mi primer viajesote con una canción. Paint it black de The Rolling Stones porque me dan ganas de hacer lo que dice la canción y el ritmo me transporta como a otra dimensión. Ya no sé qué hacer conmigo de El Cuarteto de Nos porque a veces ya no sé qué hacer conmigo. Me cago en el amor de Tonino Carotone, porque lo he hecho. La belle et le bad boy de Mc Solaar porque me gustan las historias de amor que terminan en tragedia griega. Yoshimi battles de pink robots de The Flaming Lips porque la necesitamos, a Yoshimi. Give me love con Marisa Monte porque eso quiero: que me den amor. Macondo de Oscar Chávez, porque las mariposas amarillas de Macondo vuelan en el aire, a veces más a veces menos. A little bit of history repeating, con Shriley Bassey y The Propelor Heads porque habla del bucle de la vida (y me da envidia no cantar como ella). Casa babylon de Mano Negra, por su ritmo, letra, momento, en resumen, por su punch. Mais feliz Bebel Gilberto porque quiero ser ídem. Pocket full of shells de Rage Against the Machine porque una siempre necesita una mariposa medio anarquista por ahí y porque comparto la ira contra la máquina (y un bolsillo lleno de conchitas). Tiempo de soleá de Ojos de Brujo porque me recuerda cuando bailaba flamenco y me hace ver que todavía puedo llevarle el ritmo. La muerte chiquita de Café Tacvba, porque todos queremos que nos den la muerte chiquita y porque no podía faltar cafeta en mis 30. Concierto para piano k.21 de Mozart, porque me hace soñar y su piano me lleva lo más lejos que he podido imaginar. My baby just cares for me de Nina Simone, porque cuando pueda tocar ese riff pianístico, me sentiré realizada y porque es cierto.

Sería obvio decir que me hubiera gustado cumplir 50 porque me faltaron muchas canciones… pero solamente por eso.

 

 
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