Sé que primicia no traigo. Pero no me importa. Para mí es más importante la digestión que la bulimia musical. Así que optaré por no vomitar lo que escucho sino digerirlo y bueno, tener un “producto” más acabado… quedó más escatológico de lo que quería. Pero ni modos.
El público lo recibió con los brazos y las gargantas abiertas. Aprecié profundamente su camiseta de Emiliano Zapata, digamos que mis filias son muy fuertes ¿va? Y aunque su camiseta no tiene que ver con lo que tocó, le da feeling pues.
Definitivamente lo que más me impactó fue su potencia, su capacidad de conectar con el público y de llevarnos en ese viaje que propuso, un viajesototote musical en el que subimos, bajamos, bailamos, gritamos, nos conmovimos, coreamos, aplaudimos y nos entregamos.
Así, con un grupo de cuatro guitarras, un bajo, una batería y un teclado, Calamaro y su banda nos halagaron: “es un público que desearía Mick Jagger”, ahhhh ¿Te cae? Yeeeeeah!
Además de las canciones clásicas, las nuevas y las que yo no conocía pero adoré, Calamaro se mostró humilde y rockstar a la vez: versionando Take a walk in the wild side, I shot the sheriff, Three little birds, reconociendo el aniversario de El Tri, entre otros homenajes.
A México lo unió con Argentina. A través de sus hermanos mencionados y las banderas frotándose. Después de cantar Sin documentos, en una versión que no sé qué tanto gustó, pues a las leyendas del tipo les da por cambiar versiones de canciones clásicas que saben que TIENEN que tocar… aunque igual fue intenso el momento. Que digo intenso, ¡intensísimo!
Tal vez mi momento favorito, a pesar de los éxitos y el rock y la potencia y todo, fue cuando solitario, con un
piano en el fondo, cantó dos tangos, con esa voz rasposa que parece haber nacido para cantar así, para sollozar acurrucadamente en el oído de quien escucha. Cuando esos tangos sonaron y resonaron en el Auditorio Nacional, supe que había echo una “inversión”, no una compra de boleto. Una “inversión musical” que me durará mientras recuerde el concierto y reviva las sensaciones múltiples que este argentinolenteoscuro me hizo sentir.
Y para ya no decir más, pues más bien hay que escucharlo, lo cito: “gracias le doy a Lupita, gracias le doy al Señor, porque no perdí mi amor al canto, ni mi voz”. ¡Salud por eso!

