Hace poco fui a Guadalajara, de donde soy. Una amiga me había dicho que fuéramos a este festival de una marca cuyo nombre no mencionaré pues para qué les hago publicidad, ¿me están pagando? No. Y aunque me pagara. Yo no estaba muy segura de querer ir, aunque claro, el cartel era sumamente atractivo: cerrando The Flaming Lips, Stone Temple Pilots y Nine Inch Nails. ¡Wow! Había que ir. Esta misma amiga me hizo favor de comprarme mi boleto, y todo estaba listo para “el gran día”.
Dos o tres días antes del concierto, supe que tocaba otro grupo: El cuarteto de nos. Entonces ya no tuve la mayor duda, tenía que ir a ese concierto.
No es que sea una novata de los festivales “multitudinarios” ni mucho menos, pero conforme se acercaba el domingo del festival, diversos miedos comenzaron a crecer en mí. Bueno, esto también se relaciona con otra cosa que me creció en el párpado, una perrilla del tamaño y la hinchazón de dos, molestísima, pero no iba a dejar que me alejara de mis placeres musicales; finalmente, aunque en los conciertos se corre con la suerte (a veces) de poder ver a quien canta y toca, lo mejor es escuchar…
Total que mis mayores miedos eran: que hubiera tierra en el suelo; solución: parché mi ojo hinchado como si me hubieran caído desde un penthouse en el ojo un teclado y un mouse, Que hubiera demasiada gente; solución: llevar unas buenas botas, un par de curitas, fortalecer mi parche con uno de plástico, aunque pareciera émula del de viernes 13, pero nomás en el ojo. Que no se escuchara bien; no había solución más que gritar y exigir a quienes organizaron que hicieran bien su trabajo. Que las cervezas estuvieran demasiado caras; no había solución más que intentar llevar un dinerín extra o meter de contrabando algo… cosa que no hicimos nosotros pero el novio de una amiga sí, ¡bien!. Y sí, ¡las cervezas fueron carísimas! 60 pesos por una caguama, servida con prisas, así que al final eran en realidad como 4/5 de caguama lo que uno compraba. Que los dos escenarios no estuvieran lo suficientemente lejos uno de otro y que el sonido se mezclara produciendo una cosa horripilante para los oídos; solución: alejarme lo más posible del que no quiero escuchar, a ver qué pasa; la verdad es que no se mezcló tanto, pues sí respetaron más o menos los horarios. Que hubiera publicidad de quien organizó el festival hasta en las guitarras de los músicos, en el suelo, en el aire, en los stands, etc etc etc… y éste era mi miedo mayor; solución: respirar hondo, prepararse para lo peor de lo peor, para que lo que haya no sea tan peor. Y así fue.
Llegamos justo a tiempo, corriendo al escenario donde El Cuarteto tocaría. Mi primer miedo disipado: el piso estaba pavimentado. No podía creerlo, recién los conocí hace poco y ahora tenía la oportunidad de verlos en vivo. Tocaron todo de Raro. Pero nada raro. Algunas de las mejores del disco nuevo, aunque solamente 6, sí, las conté, 6 canciones tocaron. Eso sí, prendidísimas. Y confirmé mi sospecha: música fácil de escuchar y difícil de tocar. El Cuarteto cumplió, prendió a quienes los conocíamos, y a quienes no tanto, también; aunque para mi gusto El Cuarteto se merecía más gritos de alegría de nuestra parte, eso sí, yo me dejé la garganta cantando a campanilla batiente durante toda su participación. Es triste que El Cuarteto no sea tan conocido acá, porque de otra forma, le hubieran dado mucho más tiempo.
Cuando estaba tocando otro grupo (cuyo nombre no es que no quiera recordar sino que nomás no recuerdo), en el otro escenario, que veo al vocal de El Cuarteto, Roberto, platicando ahí con la gente, detrás de una minivalla del escenario. Que me sale la fan, la bandaid que traigo dentro y que jalo a una amiga, tirándole su cerveza, (perdón), y que le digo, mira, ¡vamos allá! Llegamos, platicamos, y yo, bueno, olvidé mi vocación de preguntona y escribidora, y como fan pura, pura fan, le pedí un autógrafo para Q, mi pareja, que no había podido ir, le hice saber que me habían hecho inmensamente feliz con su concierto, y él preguntaba que si sí se había escuchado bien, yo le reiteraba que sí, que si no se oía él mismo nada, y dijo, no, y por eso volteabas atrás tanto, verdad? Sí sí, por eso. Bueno, mientras sucedía este diálogo, mis amigas sacaron sus cámaras de ocasión y me tomaron fotos del recuerdo. De cuando conocí al vocal de El Cuarteto. Claro que yo hubiera querido fotografiarme con todo el grupo, luego tranquilizarme, respirar hondo y preguntarles unas cuantas cosas que quería saber. Como son:
- ¿Por qué no habían hecho promoción en México antes de Raro?
- ¿Qué es primero la música o la letra?
- ¿Cómo definirían lo que tocan? Porque definitivamente no es rock, es mucho más rico en texturas y mezclas.
- ¿Por qué no tocaron más tiempo? Esa sí pregunté, me dijeron que los horarios eran muy estrictos. Ni modos L.
- ¿Cuándo vuelven a México?
- ¿Cuándo sale su próximo disco? En realidad esta pregunta nos la podemos responder entrando a su página web.
- ¿Qué tan raro será el próximo disco?
- Etc etc etc…
Pero no. La irreductible fan que traigo dentro, hizo su aparición y la “periodista” en ciernes se olvidó de preguntar. Así que Cuarteto, si por alguna razón del universo leen esto, no sean mala onda, contéstenme, así podré presumir que les entrevisté, pero sobre todo que mi inter-fan no me domina. Tanto.
Bueno después de mi experiencia del tercer tipo fanístico con El Cuarteto y de rabiar porque habían tocado tan poco tiempo… me preparé para lo que venía.
Tocó ahí otro grupín de audiencia emo, no mal, aunque un amigo estaba convencido de que tocaban sobre una grabación, que la baterista no daba una y que lo que sonaba no era lo que estaban tocando. En fin, puede ser, pero igualmente si hubieran estado en vivo, no me llamaban mucho la atención. Así que me armé de valor y me fui a hacer fila a los baños… antes de que fuera más tarde y se pusieran peor de lo que probablemente ya estaban. Todavía era momento. Lo peor estaba por venir. Bueeeeeeeeno, no fue tan “peor” en realidad solamente era el reto de hacer chis a oscuras totales, tratando de no tocar nada del rededor ni con la piel ni con la ropa, pero ¿¡cómo calcularlo sin falla?! En plena oscuridad… finalmente sobrevivimos las veces que fuimos al baño, no ha habido infecciones posteriores, así que asumo que logramos no tocar donde no debíamos, con lo que no debíamos. Bien logrado.
Volviendo a lo que nos trae aquí. Seguían The Flaming Lips. Wow, The Flaming Lips. No podía creer que iba a ver a The Flaming Lips. Ok, de ahora en adelante serán TFL. Primero salió el vocal, Wayne Coyne, dentro de una burbuja y rodando y rebotando entre el público llegó al escenario para comenzar; cosa que parece ser su costumbre últimamente, por cierto. Y en ese momento uno de mis temores se materializó: casi no se escuchaba. Además, no se veía tan bien. El escenario no estaba lo suficientemente alto para alcanzar a ver adecuadamente, digo, desde una estatura promedio. Era desesperante, podía platicar con los amigos de alrededor sin tener que gritar y acabarme la garganta, se supone que eso no pasa en un concierto de rock… pero sí, pasó. Salvó el episodio el atardecer hermosísimo que TFL nos hizo voltear a ver, pues quedaba a nuestras espaldas, la serie de pseudos teletubis que le hacían ovaciones al grupo, el bagre y la estrella que también bailaron (no se viajen, unos monigotes disfrazados, ya saben, como botargas gigantes, pero bien hechas); las pantallas llenas de ternura casi peluchezca. Y la música, eso fue lo mejor, aunque no se escuchara con la potencia necesaria. Poco a poco como que a quien manejaba la consola le caía el 20 de que no se oía nada… y le fue subiendo. Tarde para mi gusto, pero al menos le subió. Y para cuando ya le había subido, el grupo cerró su participación con Yoshimi battles the pink robots. En una versión totalmente acústica. En la que entendí aún más –según yo– la metáfora constante de
la canción, de los pink robots, de Yoshimi, de los FL. El vocal, casi llorando, (lo veíamos en la pantalla que tuvieron a bien poner), cantó Yoshimi con un sentimiento tan evocativo de un mundo mejor, que no pude más que estar de acuerdo con ellos en que sí, those evil nature robots,they’re programmed to destroy us, she’s gotta be strong to fight them, so she’s taking lots of vitamins, ‘cause she knows that, it’d be tragic, if those evil robots win, I know she can beat them… ya pues. No me voy a echar aquí toda la canción. Lo que digo es que todos deberíamos traer una Yoshimi dentro y luchar con esos robots rosas que parecen tan lindos pero que nos engañan tanto. ¿Ahhhh verdad? ¿Qué tal con la interpretación?
Desde hace mucho tiempo, años, muchos, he estado “enamorada” de Scott Weiland. No sé por qué tengo esa fijación con el arquetípico rockstar/atascado/lucidito, no sé no sé, pero me gustan. Jejejejeje. Total que ya estaba yo lista para el deleite scottweilandesco, cuando salen STP. Uuuuuuuuuuu. Pero uuuuu de que qué bien. De que MUY bien. Tocaron súper fuerte, súper potente, las clásicas, las no clásicas, las “nuevas”, Weiland arriba de una tarima, nada menso, para que lo viéramos bien… ¡yeah! No podía estar más de acuerdo con su decisión. Y cantó y cantó y cantó… y como es su costumbre, ya casi al final, sin camisa, pero con chaqueta, presentó a la banda y se despidió, eso sí, luciéndose todo el tiempo. La experiencia fue extra disfrutable, no solamente para la pupila (en singular en mi caso) sino para los oídos. Además, cuando comencé a escucharlos era la época en la que uno pensaba que si no ahorraba para ir a esa clase de conciertos a otros países, nunca vería a esos grupos. Ahora ya no es así. Aunque claro, solo bajo la dictadura de la marca.
NIN. No puedo voltear la N ni modo. Trent Reznor es un tipo muy inteligente. Al escucharlo se le nota que tiene un mundote por dentro y que ha de ser horrible tratar con él en la vida cotidiana. Bueno, al menos para mí. Creo que las personas con un mundote tan grandotote y tan complejo dentro de sí son difíciles de tratar. Pero igual y es un prejuicio. Total que el mundote este que creo que tiene Reznor suyo explotó en el escenario y me hizo vibrar de una forma demoledora. Casi no canté, más que me herí hoy para ver qué se sentía y alguna otra de los discos que tengo y conozco (los viejitos, claro). La mayoría de las canciones no tenía ni idea de cuáles eran. Pero no importó. Era tan potente y tan concreto, tan provocativo y tan sutil a la vez… que no importaba no conocer las canciones. Además, ya para ese momento el sonido estaba mejor que mejor. Y Reznor, y
por eso digo que es muy inteligente, acompañó su música con unos juegos de luces muy impactantes, yo al menos no había visto una cosa igual nunca en mi vida. No sé ni cómo describirlos; lo que puedo decir es que eran un complemento perfecto para la música y la actuación de NIN; un complemento visual que me hizo meterme cada vez más y más en el concepto. Y como dicen que el contexto es más fuerte que el concepto, NIN se apoderó del contexto e impuso su concepto, por la vía auditiva, la visual, la emocional, la racional incluso. En Capital G, en la pantalla posterior proyectó un retrato nítido, de hombros para arriba, del G.W. Bush. Al finalizar la canción el del retrato ya era McCain. Y la transformación fue tan sutil que fue una buena sorpresa; amén de ser también una innegable declaración de principios. Electrizante, así describiría en una palabra la actuación de NIN. Y perdón por solamente hablar del vocalista, pero es que chale, es tan magnético que no les puse casi nada de atención a los demás miembros de la banda… shame on me.
Al final, la experiencia de ir a un festival de marca no fue tan mala. La publicidad fue menos apabullante de lo que me esperaba, aunque tengo que admitir que yo me imaginé el peor escenario de todos en este sentido, así que no quedé tan apantallada. Las cervezas y la comida ultra caras. El sonido irregular fue de lo peor. La organización mediana y la asistencia no tan nutrida como esperaba. Al final estuvo bien. Pero como suele suceder en estas cosas, quienes salvaron la velada fueron los músicos. Que sin hacer prueba de sonido algunos, la levantaron y nos hicieron sentir que valió la pena asistir. Que los berrinches aledaños quedaron fuera de lo importante, que lo que se celebró fue un festival de música, tal cual. No hablo de que cuanta hermandad entre la gente y tal, no, cada quién estaba en lo suyo y listo. Me refiero a compartir con las bandas, la comunión musical que se sentía. Que al menos yo sentí. Y recordé por qué mis fiestas favoritas son las que tienen música en vivo, ah pero no cualquier música en vivo, como ilustra la crónica, que ahí disculparán que sea tan larga, pero denme un poco de crédito, ¡fue un festival de todo el día!
