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Calamaro y la margarita noviembre 7, 2008

calamaroSé que primicia no traigo. Pero no me importa. Para mí es más importante la digestión que la bulimia musical. Así que optaré por no vomitar lo que escucho sino digerirlo y bueno, tener un “producto” más acabado… quedó más escatológico de lo que quería. Pero ni modos.

El público lo recibió con los brazos y las gargantas abiertas. Aprecié profundamente su camiseta de Emiliano Zapata, digamos que mis filias son muy fuertes ¿va? Y aunque su camiseta no tiene que ver con lo que tocó, le da feeling pues.

Definitivamente lo que más me impactó fue su potencia, su capacidad de conectar con el público y de llevarnos en ese viaje que propuso, un viajesototote musical en el que subimos, bajamos, bailamos, gritamos, nos conmovimos, coreamos, aplaudimos y nos entregamos.

Así, con un grupo de cuatro guitarras, un bajo, una batería y un teclado, Calamaro y su banda nos halagaron: “es un público que desearía Mick Jagger”, ahhhh ¿Te cae? Yeeeeeah!

Además de las canciones clásicas, las nuevas y las que yo no conocía pero adoré, Calamaro se mostró humilde y rockstar a la vez: versionando Take a walk in the wild side, I shot the sheriff, Three little birds, reconociendo el aniversario de El Tri, entre otros homenajes.

A México lo unió con Argentina. A través de sus hermanos mencionados y las banderas frotándose. Después de cantar Sin documentos, en una versión que no sé qué tanto gustó, pues a las leyendas del tipo les da por cambiar versiones de canciones clásicas que saben que TIENEN que tocar… aunque igual fue intenso el momento. Que digo intenso, ¡intensísimo!

Tal vez mi momento favorito, a pesar de los éxitos y el rock y la potencia y todo, fue cuando solitario, con un calamaro_discopiano en el fondo, cantó dos tangos, con esa voz rasposa que parece haber nacido para cantar así, para sollozar acurrucadamente en el oído de quien escucha. Cuando esos tangos sonaron y resonaron en el Auditorio Nacional, supe que había echo una “inversión”, no una compra de boleto. Una “inversión musical” que me durará mientras recuerde el concierto y reviva las sensaciones múltiples que este argentinolenteoscuro me hizo sentir.

Y para ya no decir más, pues más bien hay que escucharlo, lo cito: “gracias le doy a Lupita, gracias le doy al Señor, porque no perdí mi amor al canto, ni mi voz”. ¡Salud por eso!

 

Anoche estuve con Bob Dylan marzo 11, 2008

Archivado en: 2008,míos... — engbemol @ 1:59 pm
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dylan_poster.jpgPero no le entendí nada de lo que dijo, aunque sí de lo que cantó. Lo vi bien, pero de lejitos. Lo bueno fue el concierto, eso sí. Dylan: de lo mejor; la banda: impecable; el set de canciones: mmmmmmmmmmmm, yo hubiera escogido otro, pero me queda clarísimo que llegué 40 años tarde a ver a Bob Dylan, si lo que quería era escucharlo cantar nada más acompañado de su guitarra y su armónica. Sin embargo, el concierto fue de lo más disfrutable.

Los temas, entre modernos y evocativos, la banda, potente y feroz, Bob Dylan: a lo que iba, a tocar buena música. Ni festejos para el público mexicano que tanto gusta de ellos, ni palabras mal dichas en español (con dificultades articuló algo intelegible en inglés), ni cielitoslindos bluseados, nada de eso. Lo que me lleva a pensar que Dylan se sobra y se basta con su banda tocando sobre cualquier escenario y eso puede no gustar tanto a ciertos públicos con síndrome de salerITO que gustan de que la fiesta sea del artista para el público y no viceversa.

Por ahí un amigo me contó que Dylan es amigo de Calamaro, y que éste dijo alguna vez que su música al principio estuvo influenciada por la música de Dylan, y que ahora le daba gusto ver que su propia música había influenciado al Dylan mismo, en su último disco, se refiere. Y, considerando que el blues si no se renuenva se queda en la misma octava y público, Dylan hoy ofrece un blues con folk y rock, fresco pero clásico, directo pero metafórico, escuchablemente disfrutable.

Lo más llamativo del concierto fue cuando por fin tocó sus clásicos: Blowing in the wind y Like a rolling stone, sin embargo, lo más curioso de todo fue que mientras el auditorio entero cantaba las versiones antiguas, las que hemos conocido durante tantos y tantos años, Dylan cantaba sus nuevas versiones así que aquello sonaba como un canon tremendo, de miles de personas contra una, de miles de voces contra un recontra aparato de sonido excelente.

Y así pasó anoche con Bob Dylan, mientras movía su flaquita pierna al ritmo acompasado de su música, nos hizo aplaudirle muchísimo para que volviera a salir y luciera el despliegue de su manta con el logotipo de la gira. Claro que aunque todos supimos que el show estaba preparado, la emoción fue la onda, amen de que escucharlo presentar a la banda fue como tratar de entenderle a la maestra de Snoopy y sus amigos… ua ua, ua ua ua, ua (así como gangosón, claro).

 

 
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