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La gente en el “Compra Latino 2010″ septiembre 15, 2010

En aras de abonar a la clasificación que tanto nos gusta a los humanos, puedo decir que vi: chavitas aguerridas, fresitas bailadores y algunos desorientados, rucos rucos pero “rockeros”, chavos súper banda, de esos que dan codazos al por mayor y no les importa voltearte la chela encima, “niñas” que acompañaban a sus novios porque “a él le gusta”, otras y otros más que sacaron el guardarropa de moda alter para tirar rostro, no faltó quien a las 7 de la noche, con los mejores grupos por venir, ya estaba tirado en el pasto por exceso de cerveza y/o sustancias, las personas que vendían en los puestos, el chavo que se consiguió la chamba de vender chelas pero que a la hora de su grupo favorito cantaba a todo pulmón con su charola de chelas en lugar de gritar “¡cervezaaaaaaaa, cervezaaaaaa!”. En fin, un público diverso, aunque pude ver pocas expresiones de identidad sexual diferente a la hetero, y no sé qué tanto espacio habría para las mismas, tal vez no mucho, pues sí era un ambiente muy “machín”, hasta en ciertas morras, que saben que si no se ponen rudas, “se las llevan al baile”; no faltó la chavita angustiada que después de ser empujada un montón de veces, decidió ponerse a empujar, pero a quien no la había empujado, justificándose: “¡pues es que todos me empujan!”, y ante la respuesta, de mi parte “¡sí, pero yo no, si no quieres que te empujen vete a tu casa!” no supo qué decir. Eso sí, aromas que más bien eran olores, entre carne frita y sudor añejo de la carne frita ingerida. Los baños pudieron ser peores, pero sí había muchos y “pasables”. ¿Papel? Ni soñarlo, eso había que llevarlo cada quien si se quería.

Sé que hasta este momento suena como un lugar espantoso. Tampoco lo era tanto en realidad. Y es que lo que pasa es que las concentraciones humanas son así, casi siempre llenas de basura y descontroladas; casi siempre con representantes de lo más expresivos de un montón de contextos socioculturales, que confluyen porque tienen algo en común. Tal vez podríamos decir que las personas que asistimos tenemos algo en común: nos gusta la música. Pero también otra cosa: pudimos pagarlo o nos regalaron boletos…

Próximamente “El dinero y la marca en el “Compra Latino 2010″

 

Un festival, de cuyo nombre no quiero acordarme noviembre 7, 2008

Hace poco fui a Guadalajara, de donde soy. Una amiga me había dicho que fuéramos a este festival de una marca cuyo nombre no mencionaré pues para qué les hago publicidad, ¿me están pagando? No. Y aunque me pagara. Yo no estaba muy segura de querer ir, aunque claro, el cartel era sumamente atractivo: cerrando The Flaming Lips, Stone Temple Pilots y Nine Inch Nails. ¡Wow! Había que ir. Esta misma amiga me hizo favor de comprarme mi boleto, y todo estaba listo para “el gran día”.

elcuartetodenos1Dos o tres días antes del concierto, supe que tocaba otro grupo: El cuarteto de nos. Entonces ya no tuve la mayor duda, tenía que ir a ese concierto.

No es que sea una novata de los festivales “multitudinarios” ni mucho menos, pero conforme se acercaba el domingo del festival, diversos miedos comenzaron a crecer en mí. Bueno, esto también se relaciona con otra cosa que me creció en el párpado, una perrilla del tamaño y la hinchazón de dos, molestísima, pero no iba a dejar que me alejara de mis placeres musicales; finalmente, aunque en los conciertos se corre con la suerte (a veces) de poder ver a quien canta y toca, lo mejor es escuchar…

Total que mis mayores miedos eran: que hubiera tierra en el suelo; solución: parché mi ojo hinchado como si me hubieran caído desde un penthouse en el ojo un teclado y un mouse, Que hubiera demasiada gente; solución: llevar unas buenas botas, un par de curitas, fortalecer mi parche con uno de plástico, aunque pareciera émula del de viernes 13, pero nomás en el ojo. Que no se escuchara bien; no había solución más que gritar y exigir a quienes organizaron que hicieran bien su trabajo. Que las cervezas estuvieran demasiado caras; no había solución más que intentar llevar un dinerín extra o meter de contrabando algo… cosa que no hicimos nosotros pero el novio de una amiga sí, ¡bien!. Y sí, ¡las cervezas fueron carísimas! 60 pesos por una caguama, servida con prisas, así que al final eran en realidad como 4/5 de caguama lo que uno compraba. Que los dos escenarios no estuvieran lo suficientemente lejos uno de otro y que el sonido se mezclara produciendo una cosa horripilante para los oídos; solución: alejarme lo más posible del que no quiero escuchar, a ver qué pasa; la verdad es que no se mezcló tanto, pues sí respetaron más o menos los horarios. Que hubiera publicidad de quien organizó el festival hasta en las guitarras de los músicos, en el suelo, en el aire, en los stands, etc etc etc… y éste era mi miedo mayor; solución: respirar hondo, prepararse para lo peor de lo peor, para que lo que haya no sea tan peor. Y así fue.

elcuartetodenos02Llegamos justo a tiempo, corriendo al escenario donde El Cuarteto tocaría. Mi primer miedo disipado: el piso estaba pavimentado. No podía creerlo, recién los conocí hace poco y ahora tenía la oportunidad de verlos en vivo. Tocaron todo de Raro. Pero nada raro. Algunas de las mejores del disco nuevo, aunque solamente 6, sí, las conté, 6 canciones tocaron. Eso sí, prendidísimas. Y confirmé mi sospecha: música fácil de escuchar y difícil de tocar. El Cuarteto cumplió, prendió a quienes los conocíamos, y a quienes no tanto, también; aunque para mi gusto El Cuarteto se merecía más gritos de alegría de nuestra parte, eso sí, yo me dejé la garganta cantando a campanilla batiente durante toda su participación. Es triste que El Cuarteto no sea tan conocido acá, porque de otra forma, le hubieran dado mucho más tiempo.

Cuando estaba tocando otro grupo (cuyo nombre no es que no quiera recordar sino que nomás no recuerdo), en el otro escenario, que veo al vocal de El Cuarteto, Roberto, platicando ahí con la gente, detrás de una minivalla del escenario. Que me sale la fan, la bandaid que traigo dentro y que jalo a una amiga, tirándole su cerveza, (perdón), y que le digo, mira, ¡vamos allá! Llegamos, platicamos, y yo, bueno, olvidé mi vocación de preguntona y escribidora, y como fan pura, pura fan, le pedí un autógrafo para Q, mi pareja, que no había podido ir, le hice saber que me habían hecho inmensamente feliz con su concierto, y él preguntaba que si sí se había escuchado bien, yo le reiteraba que sí, que si no se oía él mismo nada, y dijo, no, y por eso volteabas atrás tanto, verdad? Sí sí, por eso. Bueno, mientras sucedía este diálogo, mis amigas sacaron sus cámaras de ocasión y me tomaron fotos del recuerdo. De cuando conocí al vocal de El Cuarteto. Claro que yo hubiera querido fotografiarme con todo el grupo, luego tranquilizarme, respirar hondo y preguntarles unas cuantas cosas que quería saber. Como son:

- ¿Por qué no habían hecho promoción en México antes de Raro?

- ¿Qué es primero la música o la letra?

- ¿Cómo definirían lo que tocan? Porque definitivamente no es rock, es mucho más rico en texturas y mezclas.

- ¿Por qué no tocaron más tiempo? Esa sí pregunté, me dijeron que los horarios eran muy estrictos. Ni modos L.

- ¿Cuándo vuelven a México?

- ¿Cuándo sale su próximo disco? En realidad esta pregunta nos la podemos responder entrando a su página web.

- ¿Qué tan raro será el próximo disco?

- Etc etc etc…

dsc01106Pero no. La irreductible fan que traigo dentro, hizo su aparición y la “periodista” en ciernes se olvidó de preguntar. Así que Cuarteto, si por alguna razón del universo leen esto, no sean mala onda, contéstenme, así podré presumir que les entrevisté, pero sobre todo que mi inter-fan no me domina. Tanto.

Bueno después de mi experiencia del tercer tipo fanístico con El Cuarteto y de rabiar porque habían tocado tan poco tiempo… me preparé para lo que venía.

Tocó ahí otro grupín de audiencia emo, no mal, aunque un amigo estaba convencido de que tocaban sobre una grabación, que la baterista no daba una y que lo que sonaba no era lo que estaban tocando. En fin, puede ser, pero igualmente si hubieran estado en vivo, no me llamaban mucho la atención. Así que me armé de valor y me fui a hacer fila a los baños… antes de que fuera más tarde y se pusieran peor de lo que probablemente ya estaban. Todavía era momento. Lo peor estaba por venir. Bueeeeeeeeno, no fue tan “peor” en realidad solamente era el reto de hacer chis a oscuras totales, tratando de no tocar nada del rededor ni con la piel ni con la ropa, pero ¿¡cómo calcularlo sin falla?! En plena oscuridad… finalmente sobrevivimos las veces que fuimos al baño, no ha habido infecciones posteriores, así que asumo que logramos no tocar donde no debíamos, con lo que no debíamos. Bien logrado.

tfl011Volviendo a lo que nos trae aquí. Seguían The Flaming Lips. Wow, The Flaming Lips. No podía creer que iba a ver a The Flaming Lips. Ok, de ahora en adelante serán TFL. Primero salió el vocal, Wayne Coyne, dentro de una burbuja y rodando y rebotando entre el público llegó al escenario para comenzar; cosa que parece ser su costumbre últimamente, por cierto. Y en ese momento uno de mis temores se materializó: casi no se escuchaba. Además, no se veía tan bien. El escenario no estaba lo suficientemente alto para alcanzar a ver adecuadamente, digo, desde una estatura promedio. Era desesperante, podía platicar con los amigos de alrededor sin tener que gritar y acabarme la garganta, se supone que eso no pasa en un concierto de rock… pero sí, pasó. Salvó el episodio el atardecer hermosísimo que TFL nos hizo voltear a ver, pues quedaba a nuestras espaldas, la serie de pseudos teletubis que le hacían ovaciones al grupo, el bagre y la estrella que también bailaron (no se viajen, unos monigotes disfrazados, ya saben, como botargas gigantes, pero bien hechas); las pantallas llenas de ternura casi peluchezca. Y la música, eso fue lo mejor, aunque no se escuchara con la potencia necesaria. Poco a poco como que a quien manejaba la consola le caía el 20 de que no se oía nada… y le fue subiendo. Tarde para mi gusto, pero al menos le subió. Y para cuando ya le había subido, el grupo cerró su participación con Yoshimi battles the pink robots. En una versión totalmente acústica. En la que entendí aún más –según yo– la metáfora constante detfl02 la canción, de los pink robots, de Yoshimi, de los FL. El vocal, casi llorando, (lo veíamos en la pantalla que tuvieron a bien poner), cantó Yoshimi con un sentimiento tan evocativo de un mundo mejor, que no pude más que estar de acuerdo con ellos en que sí, those evil nature robots,they’re programmed to destroy us, she’s gotta be strong to fight them, so she’s taking lots of vitamins, ‘cause she knows that, it’d be tragic, if those evil robots win, I know she can beat them… ya pues. No me voy a echar aquí toda la canción. Lo que digo es que todos deberíamos traer una Yoshimi dentro y luchar con esos robots rosas que parecen tan lindos pero que nos engañan tanto. ¿Ahhhh verdad? ¿Qué tal con la interpretación?

stp01Desde hace mucho tiempo, años, muchos, he estado “enamorada” de Scott Weiland. No sé por qué tengo esa fijación con el arquetípico rockstar/atascado/lucidito, no sé no sé, pero me gustan. Jejejejeje. Total que ya estaba yo lista para el deleite scottweilandesco, cuando salen STP. Uuuuuuuuuuu. Pero uuuuu de que qué bien. De que MUY bien. Tocaron súper fuerte, súper potente, las clásicas, las no clásicas, las “nuevas”, Weiland arriba de una tarima, nada menso, para que lo viéramos bien… ¡yeah! No podía estar más de acuerdo con su decisión. Y cantó y cantó y cantó… y como es su costumbre, ya casi al final, sin camisa, pero con chaqueta, presentó a la banda y se despidió, eso sí, luciéndose todo el tiempo. La experiencia fue extra disfrutable, no solamente para la pupila (en singular en mi caso) sino para los oídos. Además, cuando comencé a escucharlos era la época en la que uno pensaba que si no ahorraba para ir a esa clase de conciertos a otros países, nunca vería a esos grupos. Ahora ya no es así. Aunque claro, solo bajo la dictadura de la marca.

nin01NIN. No puedo voltear la N ni modo. Trent Reznor es un tipo muy inteligente. Al escucharlo se le nota que tiene un mundote por dentro y que ha de ser horrible tratar con él en la vida cotidiana. Bueno, al menos para mí. Creo que las personas con un mundote tan grandotote y tan complejo dentro de sí son difíciles de tratar. Pero igual y es un prejuicio. Total que el mundote este que creo que tiene Reznor suyo explotó en el escenario y me hizo vibrar de una forma demoledora. Casi no canté, más que me herí hoy para ver qué se sentía y alguna otra de los discos que tengo y conozco (los viejitos, claro). La mayoría de las canciones no tenía ni idea de cuáles eran. Pero no importó. Era tan potente y tan concreto, tan provocativo y tan sutil a la vez… que no importaba no conocer las canciones. Además, ya para ese momento el sonido estaba mejor que mejor. Y Reznor, y nin02por eso digo que es muy inteligente, acompañó su música con unos juegos de luces muy impactantes, yo al menos no había visto una cosa igual nunca en mi vida. No sé ni cómo describirlos; lo que puedo decir es que eran un complemento perfecto para la música y la actuación de NIN; un complemento visual que me hizo meterme cada vez más y más en el concepto. Y como dicen que el contexto es más fuerte que el concepto, NIN se apoderó del contexto e impuso su concepto, por la vía auditiva, la visual, la emocional, la racional incluso. En Capital G, en la pantalla posterior proyectó un retrato nítido, de hombros para arriba, del G.W. Bush. Al finalizar la canción el del retrato ya era McCain. Y la transformación fue tan sutil que fue una buena sorpresa; amén de ser también una innegable declaración de principios. Electrizante, así describiría en una palabra la actuación de NIN. Y perdón por solamente hablar del vocalista, pero es que chale, es tan magnético que no les puse casi nada de atención a los demás miembros de la banda… shame on me.

Al final, la experiencia de ir a un festival de marca no fue tan mala. La publicidad fue menos apabullante de lo que me esperaba, aunque tengo que admitir que yo me imaginé el peor escenario de todos en este sentido, así que no quedé tan apantallada. Las cervezas y la comida ultra caras. El sonido irregular fue de lo peor. La organización mediana y la asistencia no tan nutrida como esperaba. Al final estuvo bien. Pero como suele suceder en estas cosas, quienes salvaron la velada fueron los músicos. Que sin hacer prueba de sonido algunos, la levantaron y nos hicieron sentir que valió la pena asistir. Que los berrinches aledaños quedaron fuera de lo importante, que lo que se celebró fue un festival de música, tal cual. No hablo de que cuanta hermandad entre la gente y tal, no, cada quién estaba en lo suyo y listo. Me refiero a compartir con las bandas, la comunión musical que se sentía. Que al menos yo sentí. Y recordé por qué mis fiestas favoritas son las que tienen música en vivo, ah pero no cualquier música en vivo, como ilustra la crónica, que ahí disculparán que sea tan larga, pero denme un poco de crédito, ¡fue un festival de todo el día!

 

Calamaro y la margarita noviembre 7, 2008

calamaroSé que primicia no traigo. Pero no me importa. Para mí es más importante la digestión que la bulimia musical. Así que optaré por no vomitar lo que escucho sino digerirlo y bueno, tener un “producto” más acabado… quedó más escatológico de lo que quería. Pero ni modos.

El público lo recibió con los brazos y las gargantas abiertas. Aprecié profundamente su camiseta de Emiliano Zapata, digamos que mis filias son muy fuertes ¿va? Y aunque su camiseta no tiene que ver con lo que tocó, le da feeling pues.

Definitivamente lo que más me impactó fue su potencia, su capacidad de conectar con el público y de llevarnos en ese viaje que propuso, un viajesototote musical en el que subimos, bajamos, bailamos, gritamos, nos conmovimos, coreamos, aplaudimos y nos entregamos.

Así, con un grupo de cuatro guitarras, un bajo, una batería y un teclado, Calamaro y su banda nos halagaron: “es un público que desearía Mick Jagger”, ahhhh ¿Te cae? Yeeeeeah!

Además de las canciones clásicas, las nuevas y las que yo no conocía pero adoré, Calamaro se mostró humilde y rockstar a la vez: versionando Take a walk in the wild side, I shot the sheriff, Three little birds, reconociendo el aniversario de El Tri, entre otros homenajes.

A México lo unió con Argentina. A través de sus hermanos mencionados y las banderas frotándose. Después de cantar Sin documentos, en una versión que no sé qué tanto gustó, pues a las leyendas del tipo les da por cambiar versiones de canciones clásicas que saben que TIENEN que tocar… aunque igual fue intenso el momento. Que digo intenso, ¡intensísimo!

Tal vez mi momento favorito, a pesar de los éxitos y el rock y la potencia y todo, fue cuando solitario, con un calamaro_discopiano en el fondo, cantó dos tangos, con esa voz rasposa que parece haber nacido para cantar así, para sollozar acurrucadamente en el oído de quien escucha. Cuando esos tangos sonaron y resonaron en el Auditorio Nacional, supe que había echo una “inversión”, no una compra de boleto. Una “inversión musical” que me durará mientras recuerde el concierto y reviva las sensaciones múltiples que este argentinolenteoscuro me hizo sentir.

Y para ya no decir más, pues más bien hay que escucharlo, lo cito: “gracias le doy a Lupita, gracias le doy al Señor, porque no perdí mi amor al canto, ni mi voz”. ¡Salud por eso!

 

Anoche estuve con Bob Dylan marzo 11, 2008

Archivado en: 2008,míos... — engbemol @ 1:59 pm
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dylan_poster.jpgPero no le entendí nada de lo que dijo, aunque sí de lo que cantó. Lo vi bien, pero de lejitos. Lo bueno fue el concierto, eso sí. Dylan: de lo mejor; la banda: impecable; el set de canciones: mmmmmmmmmmmm, yo hubiera escogido otro, pero me queda clarísimo que llegué 40 años tarde a ver a Bob Dylan, si lo que quería era escucharlo cantar nada más acompañado de su guitarra y su armónica. Sin embargo, el concierto fue de lo más disfrutable.

Los temas, entre modernos y evocativos, la banda, potente y feroz, Bob Dylan: a lo que iba, a tocar buena música. Ni festejos para el público mexicano que tanto gusta de ellos, ni palabras mal dichas en español (con dificultades articuló algo intelegible en inglés), ni cielitoslindos bluseados, nada de eso. Lo que me lleva a pensar que Dylan se sobra y se basta con su banda tocando sobre cualquier escenario y eso puede no gustar tanto a ciertos públicos con síndrome de salerITO que gustan de que la fiesta sea del artista para el público y no viceversa.

Por ahí un amigo me contó que Dylan es amigo de Calamaro, y que éste dijo alguna vez que su música al principio estuvo influenciada por la música de Dylan, y que ahora le daba gusto ver que su propia música había influenciado al Dylan mismo, en su último disco, se refiere. Y, considerando que el blues si no se renuenva se queda en la misma octava y público, Dylan hoy ofrece un blues con folk y rock, fresco pero clásico, directo pero metafórico, escuchablemente disfrutable.

Lo más llamativo del concierto fue cuando por fin tocó sus clásicos: Blowing in the wind y Like a rolling stone, sin embargo, lo más curioso de todo fue que mientras el auditorio entero cantaba las versiones antiguas, las que hemos conocido durante tantos y tantos años, Dylan cantaba sus nuevas versiones así que aquello sonaba como un canon tremendo, de miles de personas contra una, de miles de voces contra un recontra aparato de sonido excelente.

Y así pasó anoche con Bob Dylan, mientras movía su flaquita pierna al ritmo acompasado de su música, nos hizo aplaudirle muchísimo para que volviera a salir y luciera el despliegue de su manta con el logotipo de la gira. Claro que aunque todos supimos que el show estaba preparado, la emoción fue la onda, amen de que escucharlo presentar a la banda fue como tratar de entenderle a la maestra de Snoopy y sus amigos… ua ua, ua ua ua, ua (así como gangosón, claro).

 

El Cuarteto de Nos febrero 8, 2008

Archivado en: 2008,míos... — engbemol @ 7:09 pm
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El descubrimiento de la semana. Tal vez muchas personas hayan escuchado anteriormente al grupo uruguayo El Cuarteto de Nos. Para mí fue una agradable sorpresa la semana pasada. El tema de su último disco, Raro (2006), Ya no sé qué hacer conmigo se me rebeló y reveló como un himno (pos)moderno, una lista de acciones -rítmicamente expuestas- en las que podría poner palomita a todo lo ya hecho.raro_cuartetodenos_front.jpg

De alguna manera, mi entrada en la década de los treinta tiene qué ver con esta canción. En la (innecesaria pero inevitable) crisis de cambio de década, Ya no sé qué hacer…, dibuja un poco el camino por el que he transitado durante estos 30 años de vida… ya aprendí a tocar en el piano Para Elisa… ya me cambié el pelo de color… ya estuve en contra, ya estuve a favor, y oigo una voz que dice sin razón, vos siempre cambiando ya, no cambias más… para botón de muestra. El vídeo -tipográfico- es indispensable, se puede encontrar en la web.

El Cuarteto de Nos, para mayores referencias, es un grupo uruguayo, con más de 20 años de trayectoria musical, relacionado con la política local de su país por tener en su haber la única canción censurada luego de la dictadura (que hacía referencia a Artigas, su dictador particular), con temas que incluyen nombres como: Me agarré el pitito con el cierre, No me rompas más los cocos… y expresividades del tipo. Además de su folclórico humor (¿sudaméricano?) El Cuarteto da rienda suelta a un rock muy sólido, con reminisencias funk, hip hop y de balada. Se acercan a Les Lutiers, con su clip sobre las invasiones inglesas al Uruguay y se burlan un tanto de Soda Stereo en el tema El karaoke de mi noviecita.

Además, en su última producción entregan una serie de temas rimados y ritmados muy interesantes, no solamente por la solidez de su música, sino por la lucidez de sus rimas. Se tratan de esa música fácil de escuchar pero difícil de tocar y cantar; como se demuestra en el tema Yendo a casa de Damián, una aventura épica de videojuego, en la que un personaje formado por los rasgos físicos de los cuatro integrantes de El Cuarteto -portada del Raro, además-, narra sus perpecias, mientras va a casa de Damián, a la cual nunca llega; se lucen con sus rimas en inglés y francés mientras el resto de la letra es cantada en español. Parecen pasar de las modas musicales y de vestuarios, al portar, casi siempre, trajes negros, camisas blancas, muy sobrias, acaso demasiado sobrias una vez que se escucha su música, y esto es, además, le suma puntos a su encanto de rebeldes divertidos, irreverentes y creadores de música sólida, propositiva y (wow), en español.

 

 
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