Antes de leer este post, es necesario ver este nefasto anuncio comercial.
Bien, ahora me gustaría compartir con ustedes una serie de reflexiones al respecto de los vales que generarían pagos para empresas privadas… sustituyendo derechos que el Estado debería cubrir.
Recientemente, fue elevado a rango constitucional el derecho a la cultura. Aunque ya están diciendo que es inoperante, ahora, constitucionalmente, “toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales.” Además, agrega que “el Estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa. La Ley establecerá los mecanismos para el acceso y participación a cualquier manifestación cultural.”
Cualquier manifestación cultural…
Cualquier manifestación cultural…
Es una obviedad decir que la música es una manifestación cultural, pero no obsta para que conste. Ahora bien, si “el verde” está promoviendo un vale para medicinas porque en el IMSS y/o en el ISSSTE no hay abasto… pues también debería promover un vale para que a quienes no nos alcanza para tener acce$o a la música y así al menos, cubrir una parte de nuestro constitucional derecho a la cultura.
El punto puede quedarse en una reflexión superficial al equiparar el derecho a la salud con el derecho a la cultura, y levantar ámpula: “¡¡ay pero no es igual no tener medicinas que no tener un disco X!!”; no entraré en generacionalidades, pues me han dicho que además de demodé, los derechos son ín-te-gra-les. Es decir, concatenados. O sea que si se viola uno se viola otro y así al infinito y más allá.
La intriga es ¿quién se verá beneficiado por esos vales? ¿Las personas? No, bueno, en la inmediatez sí, pero no en el largo plazo, porque veremos cada vez más flacucho un Estado que debería proveernos, al menos de medicinas. ¿Los partidos? Quién sabe cómo sean los arreglos entre ellos y las farmacéuticas… ahhhh claro. Las farmacéuticas. ¿Quién les pagaría el vale a las farmacéuticas? El Estado. ¿Le van a “hacer precio”? No creo. ¿Alguien sabe de a cuánto salió el tamiflú hace cuatro años?
¿Quién se vería beneficiado con un vale para música? Las productoras/distribuidoras, que además de sangrar (casi todas) a los artistas, sangran a quienes compran sus discos. Yo me pregunto, ¿Habría tanta piratería si el acceso a la cultura (cine, literatura, música, etc.) estuviera garantizado? No creo. ¿Por qué no hay topes en los precios de las distribuidoras? ¿Por qué pueden elevar los precios de los discos casi como se les antoja?
Ahhh claro, olvidaba aquello de que el mercado no es libre, es libre mercado. Pues si es libre mercado, libre soy de bajar mi música de taringa (oh querida taringa) y de comprar mis películas en la esquina.
Basta decir que para quien la música sea un lujo in-ne-ce-sa-rio, se acuerde de que “la música es el alimento del alma” y a decir mío, una de las pocas grandes cosas no contaminantes (a excepción de los discos supongo, y ciertos componentes de los reproductores, chale, no hay salida…) que ha creado el ser humano (aunque lo haya creado el hombre, qué tal, me pongo el saco).
Así que habría que pensar en opciones. Se me ocurre que así como “tenemos” Pemex, podríamos tener Musimex. El problema es que la tendencia no apunta a esas direcciones, sino más bien al revés volteado. Si tuviéramos un Musimex, ya lo habrían privatizado y casi casi estoy segura de que sería de Slim (junto con el centro del DF, los sanborns, telmex, blablablabla…). Ok. Esa propuesta no funciona, aunque sería interesante tener discos editados por Musimex, en los que tal vez las carátulas no sean de materiales finamente plastificados, con impresos brillosos y mate, libritos increíbles con letras y un segundo disco con aplicaciones web… tal vez solamente un disco sencillo, con contenidos fiables, con calidad y una ganancia respetable para los artistas.
Así que lo que se me ocurre es otra opción, más sencilla y más directa: tomemos por asalto la distribución y distribuyamos libremente la música, hasta más no poder.
En este espíritu emancipador musical revolucionario femenino (porque lo escribo yo y ojo, no excluyo a nadie TODOAS tenemos una parte femenina, ¿qué no?), les comparto unos megaposts que me he encontrado por ahí, con discos y más discos de diverso género musical, cantante, idioma, chidos, no tan chidos, etc etc etc… y en este mismo espíritu compartidor musical, les invito a que compartan en este espacio, y en todos los que puedan, links y más links para bajar música. Y propongo que si conocemos a alguien que por cualquier razón no pueda hacerlo, no hay problema, quemémosle un disco, en una de esas hasta nos queda más bonita la portada que en el original. Salut.

PD. Ojo, así como elevaron a rango constitucional el derecho a la cultura, también le andan metiendo mano a lo de derechos de autor…
Aquí un vídeo para la pura diversión y el recuerdo.
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
(ahora imaginemos esas risas macabras del final del comercial)


Con los años, como todos sabemos, tecnología fue evolucionando. Y la de las fiestas en las que la música es imprescindible (¿hay otras?) obviamente también. De repente ya podíamos armar dc con canciones diversas. Para escuchar en el “estéreo”. Luego, en mp3. Poco a poco fuimos sustituyendo nuestros casetes y sus reproductores por aquellos de disco compacto. Y ahí andábamos con un reproductor (¿gigante?) de discos compactos. Yo la verdad es que le agarré tanto cariño a mi reproductor de casetes que creo que lo seguí usando buena parte de la universidad (estamos hablando de los noventa… finales finales jejeje).
Cuando tenía como tres o cuatro años, mi papá tuvo a bien meterme a clases de música. Pronto fue claro (para mi maestra) que tenía aptitudes musicales y que no estaba mal tocando el órgano. (no-es-al-bur, traumas preparatorianos, ya saben). Uno de mis autores favoritos para tocar, aunque me costaba mucho trabajo, era
Por ejemplo, las trompetas en medio de 




Manu Chao fue a Guadalajara, México a colaborar con una parte del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, llamada Cinelandia. Inauguró y curó la exposición “ManWoz” en el Instituto Cultural Cabañas, de dibujos del ilustrador polaco Wozniak, con quien editó un libro-disco: “Sibérie m’était contéee”. Hasta ahí todo muy bien. Armó un toquín “espontáneo” e íntimo (200 personas) en el mismo Cabañas, después de la inauguración de la exposición. Hasta ahí todo también muy bien.
Cindy Blackman: you are my hero, my bataca-hero!
Edith Piaf
Nina Simone
Elis Regina
Ayo
Lila Downs
Amparo Sánchez